sábado, 5 de noviembre de 2016

No future

Hace 30 años, it was 30 years ago today, un amigo que me enviaba cassettes como si fueran cartas me grabó este spot publicitario imaginario: 

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Pues eso es lo que me viene a la cabeza con el In-Edit de este año. El cual está especialmente dedicado a los 40 (o sea, 10 + 30) años del ¡Punk!


La contracultura se convierte en cultura oficial, lo subversivo en estándar. La camiseta de los Ramones en ropa de temporada del H&M. O como dijo creo que Wayne Kramer, o tal vez era John Sinclair, en esa historia oficial (léase sarta de topicazos) del ¡Punk! llamada "Punk Attitude" (Don Letts, quién le ha visto y quién le ve), la escandalera que se montó cuando MC5 dijo lo de motherfuckers sería incomprensible ahora que todo el mundo dice motherfuckers hasta en el horario de máxima audiencia de la MTV.



Y mientras tanto, se vislumbra el concierto del 50 aniversario del disco del plátano: aquel donde esa banda de la que ahora solo quedan dos se atrevía con el sadomasoquismo y con esa sustancia cuyo nombre empieza por H y que, según parece, aún es tabú mencionar en España. Ejemplo de esto último: hemos visto una película sobre Parálisis Permanente que resultó ser una especie de publirreportaje de la gira de Ana Curra performing "El acto". La Curra es muy buena. Tiene un carisma y una pasión tremendas y una banda potentísima. Pena que se dediquen al performing. Obviamente, se hablaba de Parálisis y de Eduardo. Pero la palabra que empieza por H no se menciona en ninguna parte: en su lugar, se menciona el eufemismo de "vivir peligrosamente como Keith Richards". Que es más rancio que el anuncio imaginario de mi amigo sobre la enciclopedia del ¡Punk! Vamos, hombre, que no nacimos ayer. Y hablamos de algo que, directa o indirectamente (por la vía del SIDA, pero no solo), mató a un buen número de gente en la época de la movida.



Por otra parte, el In-Edit de los 40 años del ¡Punk! nos ha dado la inmensa alegría de volver a ver "The Filth and the Fury", la historia de los Sex Pistols narrada por ellos mismos, con todos sus granos y moratones además de un contrapunto shakespeareano, ya que casualmente estamos en el año Shakespeare. Con el contexto histórico de una Inglaterra convulsa donde una clase obrera empobrecida, en paro o ambas cosas no tenía nada que ganar, ni que perder. No future for you. Y en esto llegó la Thatcher.

Y se menciona el jaco. Con todas sus letras: j-a-c-o. No solo de pasada en relación con la muerte de Sid Vicious. Sin cargar las tintas, que no hace falta, pero sin obviar su obvia existencia ni adornarla con eufemismos sobre vidas peligrosas como la de Keith Richards. Por cierto, el director, Julien Temple, presentó en este In-Edit un documental donde Keith habla de su vida antes de encontrarse con Mick Jagger en un tren y el resto es historia. Las imágenes del documental le dan en cierto modo un regusto a falso, pero Keith el rolling setentón es un narrador bárbaro con un enorme sentido del humor, y eso salva la película.



La otra película española que cayó es el resumen de un trabajo ímprobo (7 volúmenes... esto... episodios) sobre la historia del punk en Madrid, desde Kaka de Luxe hasta el asociado al movimiento okupa. Donde, por cierto, sale Ana Curra hablando de cuando murió Eduardo y la posterior época oscura cuando usaba "la droga como analgésico": ninguna de esas palabras empieza por H, ni por J. Tras la proyección, hay un debate donde llega un punto en que uno de los participantes dice, en el In-Edit de los 40 años del ¡Punk!: "Estoy harto de revisionismo histórico".

Yo también. Tanto mirar al pasado da la impresión de ausencia de futuro. No future for you.

¿Que no quiero caldo? Pues quedan dos tazas de revisionismo histórico para el tute del domingo: una de la época ("Jubilee", de Derek Jarman) y una de ahora ("Gimme Danger", de Jim Jarmusch).



No todo son los 40 años en cuestión. Hoy, por ejemplo, cayó una sobre el Mali actual. Un país donde, a cuenta de la invasión yihadista en el norte, lo subversivo, tan subversivo que se la juegan, es tocar música. Eso, en un país tan musical como Mali, es como una prohibición de respirar. A través de las canciones se denuncia desde la represión yihadista hasta la ablación del clítoris. Y luego dicen del punk. 




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